Desencuentros frente a inversiones externas de EPM

Tras un segundo debate en el Concejo de Medellín, la administración de EPM no da claridades sobre sus inversiones en el exterior. 

Una vieja fábula griega relata lo sucedido cuando la rana invitó a la garza a cenar. La rana llevó un recipiente ancho y profundo donde pudo nadar para degustar la sopa. La garza apenas pudo introducir la punta de su pico para cazar algún material del cuenco. A la semana la garza pagó a la rana su invitación: llevó una vasija alta y estrecha donde sólo ella pudo introducir el pico. Este encuentro de dos anfitriones con diferente lenguaje, puede equipararse con lo sucedido a EPM en las visitas al Concejo de Medellín para explicar sus inversiones en el exterior.

 

Al hacerse una juiciosa mirada a los debates y a la información suministrada por EPM, es evidente que sobre estos negocios en particular, EPM no ha respondido con claridad al Concejo, lo que ha derivado en posibles imprecisiones en su análisis. En ambos debates (29 de junio y 23 de noviembre), el Gerente Jorge Londoño De La Cuesta y sus Vicepresidentes Ejecutivo y Financiero, Jorge Tabares, y de Estrategia y Crecimiento, Gabriel Jaime Betancourt, no compartieron la información básica y entregaron cifras, en algunos casos, inentendibles para el público. La fábula de la rana y la garza.

 

Tras el primer debate, EPM tuvo que poner en marcha una estrategia de comunicación, en la que el Gerente de ADASA (Aguas de Antofagasta, Chile), entregó tardíamente a la prensa y a algunos concejales, información sobre este negocio. En el segundo debate, el 23 de noviembre, la administración de EPM acudió con el mismo lenguaje, sin responder lo que se le ha preguntado por seis meses y concentrada en vender la idea de la importancia de diversificar las inversiones para reducir los riesgos de concentrar los recursos en Colombia. Al no compartir la información, queda como creíble solo lo expuesto por  las concejales Luz María Múnera y María Paulina Aguinaga, que trabajaron con base en los informes públicos de EPM.

 

Antofagasta: sin claridad en la información

La falta de información y el lenguaje de la empresa hizo que en el primer debate se dijeran posibles imprecisiones, como que EPM compró Econssa, que es la que concede y no la concesión para el caso de ADASA. Se requiere entonces, sin restar autonomía a EPM, que algunos temas los trabajase en conjunto con el Concejo, pues de otro modo se hace sordo el discurso y le quita credibilidad. Y la que paga es la comunidad que no sabe a quién creerle. Cuando no hay información el rumor se vuelve rigor, como cuando un periódico chileno entregó un supuesto valor exacto de la diferencia pagada por EPM frente a los otros proponentes. Que se pagó más que los otros es claro, porque EPM ganó la convocatoria, pero que haya una diferencia de 225 millones de dólares no se sabe ni lo sabremos. Son especulaciones.

 

 

Ese desencuentro de información hace que sobre los negocios en el exterior se sigan diciendo posibles imprecisiones fuera y dentro de EPM. Algunos cálculos financieros, en el caso de ADASA, no tienen en cuenta elementos del negocio de concesión que se practica en varias partes del mundo. O como dijo el Gerente de EPM sobre este negocio: por el endeudamiento, las utilidades caen, pero no necesariamente cae la rentabilidad del negocio. Y estos sucesos cambian consecuentemente el cálculo financiero. Posiblemente estos detalles no se sabían. EPM debió advertirlo desde el principio. Siendo Antofagasta su mayor inversión en la historia de su internacionalización, ha guardado inadecuadamente la información sobre ella. Esto ha generado perspicacias y rumores internos y externos. En pocos casos los dineros públicos pueden ser objeto de secreto, porque la gente especulará cuando no tiene información.

 

Conocimiento de las empresas y los negocios

Cuando se dice, por ejemplo, que en Guatemala se compró una comercializadora por 635 millones de dólares hay una imprecisión: la empresa Distribuidora de Energía de Guatemala es poseedora de activos necesarios para la entrega de electricidad (95% son postes, cables, subestaciones, redes y líneas para atender algo más de cuatro millones setecientos mil habitantes) y tiene como actividad adicional y connatural la comercialización de electricidad, servicio para el cual sus activos no son considerables, sin tener en cuenta el negocio mayor.

 

Pero EPM no entiende que estos detalles los debe explicar. ¿Qué se requiere entonces? Que EPM capacite de forma permanente a quienes deben conocer su información y se disminuya la brecha en la asimetría de la misma.

 

Cara: Generalidades

Entre los dos debates no hubo muchas diferencias, salvo los argumentos de las concejales Luz María Múnera y María Paulina Aguinaga, quienes, como ya se dijo, ante la falta de respuestas por más de seis meses, centraron su análisis en la información pública de la empresa y en las declaraciones ante los medios de comunicación. El Gerente de EPM y su equipo acompañante desaprovecharon la oportunidad para anunciar una revisión minuciosa de esas inversiones, y se limitaron a citar cifras globales, como las transferencias que EPM hace a Medellín o que el Ebitda (flujo de caja) generado por esos negocios entre 2010 y 2016 es de 3,7 billones de pesos.

 

En referencia a algunas inversiones, el Gerente dijo: “En este conjunto de negocios, unos van muy bien y otros no, pero ahí estamos para gestionarlos”. “Ticsa en México empezó a despegar (…) El Ebitda es de $27.000 millones, pero por depreciación puede reportar pérdidas al final del balance”. “Guatemala va muy bien”. “El salvador va a cerrar un buen año”. “A Aguas de Antofagasta le vemos buenas perspectivas”. “La Hidroeléctrica Bonyic en Panamá tiene más de 10 años. Hubo inconvenientes en cadena que se suscitaron para la construcción, pero, ¿qué puedo hacer? Ya está hecha y funcionando”. “Están un poco frenadas los que es Cururos en Chile y generación en Panamá, porque el precio de la energía está muy bajo en esos países”.

 

Sello: Datos

Analizando lo dicho por las partes, las administraciones de EPM han dicho que una de las razones por las que salieron a invertir en el exterior son las restricciones legales en Colombia. No obstante, el único negocio que tiene esas restricciones es el de energía, mientras es inexistente para aguas, gas natural, residuos sólidos y comunicaciones. Manifestaron las concejales que hay más de $5 billones en el exterior que están en riesgo, en inversiones que no se van a recuperar o que tienen un alto riesgo de no hacerlo, mientras en lo local hay inversiones que se requieren con urgencia, como por ejemplo, Urabá y el Oriente antioqueño por uno $600.000 millones y el Sur del Valle del Aburrá, por unos $3.2 billones.

 

Sobre lo expuesto, es importante destacar algunos datos: que Bonyic en Panamá, que se presupuestó en US$50 millones y costó US$314 millones, tiene pérdidas acumuladas por US$143 millones, es decir, entre sobrecosto y pérdidas hay más de $1,18 billones. Que en Los Cururos en Chile se pagó a US$2.080 kilovatio instalado, mientras Isagén se vendió a US$1.500. Que en Teribe S.A. en Panamá hubo sobrecostos del 600%.

 

Que en Ticsa en México las pérdidas acumuladas son de $12.000 millones. Que la concesión de ADASA en Chile en 2015 dio pérdidas por más de $160.000 millones. Que a ENSA en Panamá se le impuso una sanción en 2011 de medio millón de dólares por fallas en el servicio. Que Espíritu Santo Energy en Brasil fue comprada en 2012 por US$70 millones y que su único activo es una licencia ambiental, pues no se ha iniciado la obra.

 

Es hora de que EPM y sus distintos grupos de interés, incluido el Concejo de Medellín, empiecen a hablar un mismo lenguaje, que inicie con la entrega de información clara y oportuna por parte de la administración de EPM sobre el rumbo de la empresa. Todos queremos empujar para el mismo lado y no hacer parte de la fábula de la rana y la garza.

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