En la tempestad… calma

Decía el Quijote a su fiel escudero: “…confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”.

No podemos ni queremos tapar el sol con un dedo. Hoy, lamentablemente y dados los acontecimientos que se vienen presentando con despidos y amenazas de despidos en todos los niveles y una estrategia de rumor que lesiona, el mayor patrimonio de EPM y de UNE -su gran talento humano- no logra concentrarse al ciento por ciento en sus labores, pues inevitablemente el pensamiento se traslada a escenarios donde el temor y la incertidumbre son los principales protagonistas, dado que la claridad, en esta administración, sigue haciendo gala por su ausencia.

No nos oponemos a los cambios siempre y cuando estos no vayan en contravía de la misión fundamental de ambas empresas y del Grupo EPM, de orientarse a la eficiente prestación de sus servicios como empresas sociales y comerciales del Estado, definidos en el Acuerdo 58 de 1955 que dio a luz a Empresas Públicas de Medellín.

El planteamiento estratégico actual, impulsado por las últimas administraciones, está soportado en criterios de empresa de mercado, que sobrepone la importancia de los niveles administrativos y financieros al conocimiento técnico de cada negocio. Hoy se habla de clientes y no de usuarios; se habla de multimillonarias ganancias económicas y de escalafones empresariales pero no de cobertura universal, calidad y eficiencia en la prestación de los servicios; se habla de la generación de mayores transferencias al Municipio de Medellín pero no de potencialización de desarrollo sostenible en las regiones y en las áreas de influencia de la empresa.

El énfasis del carácter técnico en todos los niveles, incluida la alta burocracia, ha sido lo que ha posibilitado que tanto EPM como UNE hayan estado blindadas, en gran medida, de las maquinarias politiqueras. Para todos los niveles de la organización hemos mantenido una posición vigilante en cuanto al respeto de los procesos de convocatorias, promociones y ascensos, teniendo en cuenta la igualdad de oportunidades para quienes interna o externamente aspiran a algún cargo, por tratarse de empresas propiedad de la comunidad.

Históricamente, y con contadas excepciones, el proceso de relevos en los cargos directivos ha estado orientado por el “hacer escuela”, es decir perfiles basados en el aprendizaje, en la experiencia, en la capacidad de transferir conocimiento, en el liderazgo y en la formación académica, entre otros atributos. No quisiéramos pensar, y de suceder, no lo permitiremos, que esta situación esté llegando a su fin y que los perfiles puedan obedecer a otros factores bien diferentes, que lo único que hacen es restar credibilidad y transparencia a las decisiones, lo que conduce inevitablemente a una percepción de falta de gobernabilidad, de autonomía del ente “autónomo”, o lo peor, de violación al derecho colectivo de la moralidad pública.

Es hora de que todos recordemos que, no con dichos sino con hechos, el verdadero dueño del Grupo EPM es la comunidad, representada en los habitantes de Medellín, y no las administraciones de turno. Es hora de recuperar nuestro sentido de pertenencia de la comunidad hacia las empresas; esa comunidad que oye a diario hablar de millonarias ganancias (como en los bancos), pero que miles y miles de hogares no se ven impactados frente a sus necesidades básicas insatisfechas. Medellín, que recibe transferencias millonarias de EPM, es la ciudad más desigual de Colombia. Y Colombia, es uno de los países más desiguales del mundo.

A todos nuestros Afiliados les ratificamos nuestro apoyo permanente y los invitamos a tener tranquilidad. A quienes han sido despedidos de UNE y de EPM en los últimos días les estamos y estaremos prestando todo el acompañamiento legal requerido, pues consideramos que muchos han sido víctimas de una estrategia de miedo. A todos nuestros afiliados, los invitamos a continuar laborando con el mismo profesionalismo con que siempre lo han hecho. Hay herramientas legales para medir el desempeño y el aporte a la empresa.

Las amenazas sólo son armas para el amenazado
Leonardo Da Vinci