Con este Niño no se juega

Escrito por EditorSINPRO
Categoría: Noticias
Creado: Miércoles, 19, Agosto 2026 21:23
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Agosto de 2026. La historia lo demuestra. El fenómeno tiene efectos en la dinámica del país y en la vida cotidiana. Es necesario aprender de la experiencia, anticiparse a los riesgos y adoptar medidas.

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Madrugada del 2 de mayo de 1992. Mientras la mayoría de la gente dormía el país perdía una hora. No era un sueño. El ministro de Comercio de esa época, Juan Manuel Santos, ante las cámaras de televisión y en vivo, movió los relojes oficiales del Icontec: en un segundo, las 12:00 de la noche se convirtieron en la una de la mañana. La llamada "Hora Gaviria", fue una respuesta desesperada de un gobierno que llevaba dos meses viendo cómo los embalses se secaban. Sesenta días atrás el presidente César Gaviria había anunciado racionamientos diarios de energía sin fecha de terminación. En ciudades como Bogotá los cortes llegaron a nueve horas diarias; en Medellín a diez; y en San Andrés y Providencia, a dieciocho.

La rutina cambió. Preparar la comida en fogones de gas, escuchar las noticias en radios de pilas, ver poca televisión y bañarse en la oscuridad se volvió habitual. Las tareas urgentes se hacían a la luz de una vela y los hornos eléctricos se apagaron. El país entero aprendió, sin pedagogía, lo que significa “depender del cielo” para tener electricidad. Treinta y cuatro años después, este fenómeno vuelve a ser protagonista.

El temido pronóstico

El pasado mes de junio el IDEAM confirmó que las condiciones del fenómeno de El Niño ya estaban presentes tanto en el océano como en la atmósfera, con probabilidades superiores al 95% de fortalecimiento en el segundo semestre del año y persistencia hasta el primer trimestre de 2027. Existe además una probabilidad del 63% de que este Niño alcance una intensidad "muy fuerte" entre noviembre de este año y enero de 2027, lo que lo ubicaría potencialmente entre los eventos de mayor magnitud desde 1950.

Los números que maneja XM, administrador del mercado eléctrico en Colombia preocupan. Aunque el nivel de los embalses que reportan al Sistema Interconectado Nacional a julio era del 73,7%, las proyecciones son inquietantes: con una sequía extrema, los embalses podrían caer hasta el 19,28%, por debajo de sus mínimos históricos, lo que generaría alto riesgo para la atención confiable y segura de la demanda eléctrica. Para dimensionar ese número, según los expertos del sector, el 19% es el piso, es el fondo del vaso.

“Aunque el nivel de los embalses a julio era del 73,7%, las proyecciones son inquietantes: con una sequía extrema, podrían caer hasta el 19,28%” 

La situación se complica por el lado de la demanda. Solo en junio, el consumo eléctrico creció 5,99% y avanza a tasas cercanas al 6% anual, registrando máximos históricos. De los 4.475 megavatios de energía previstos para entrar en operación durante 2026, a junio solo habían ingresado 306, es decir, el 6,8% de lo proyectado. El país consume más energía y produce menos de la planeada. Ese no es el punto de partida ideal para enfrentar un Niño que podría ser el más severo en algo más de siete décadas.

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 Golpe al bolsillo de todos

El Niño no es solo es un fenómeno natural ni una crisis energética; podría interpretarse como un impuesto invisible que recae sobre toda la economía. Si el episodio de 2026 es más intenso, como todo indica, los efectos serán proporcionales.

Colombia depende en cerca del 66% de la generación a través de fuentes hídricas, por lo que la reducción en los niveles de los embalses obligaría a recurrir y aumentar la participación de las plantas térmicas, cuya generación es más costosa, y eso elevaría los precios de la energía, que finalmente se reflejan en las tarifas. El antecedente más reciente es elocuente. Durante el fenómeno dado entre 2023 y 2024 el precio en bolsa pasó de unos $350 por kilovatio/hora (kWh) a un pico de $1.024 por kWh en octubre de 2023. En el Caribe ese aumento fue del 24,8% en las tarifas residenciales, frente a un promedio nacional del 11,7%.

Adicionalmente, el mayor uso de generación térmica incrementa la demanda de gas en un contexto en el que la capacidad de regasificación del país es limitada, lo que puede generar presiones sobre su disponibilidad y precio, afectando tanto la producción industrial como el transporte.

“En El Niño de 1997 y 1998 la inflación pasó de 18,6% a 20,7%, mientras que la de alimentos se duplicó. En el de 2014 - 2016, la inflación pasó de 3,3% a 7,9%, y la de alimentos se triplicó”

Se dispara la inflación 

Un reciente estudio de Bancolombia advierte que un Niño fuerte podría disparar la inflación entre 0,7 y 1,9 puntos, principalmente por el encarecimiento de los alimentos y los servicios de energía y gas. Durante El Niño de 1997 y 1998 la inflación pasó de 18,6% a 20,7%, mientras que la de alimentos se duplicó, al pasar de 15% a 29,7%. En El Niño que se dio entre 2014 y 2016, la inflación pasó de 3,3% a 7,9%, y la de alimentos se triplicó, de 4,7% a 14,9%.

El golpe al agro es de una magnitud relevante. Las proyecciones indican que en el segundo semestre de 2026 las lluvias podrían disminuir 32,6% en la región Andina y 18,7% en el Caribe, afectando diversos cultivos. Para Corficolombiana un Niño fuerte puede elevar la inflación de alimentos, en promedio, 3,9 puntos. Por su parte la ganadería, que durante El Niño de 2024 registró 16.740 animales muertos, 454.307 cabezas desplazadas y 703.729 hectáreas impactadas por sequía, vuelve a estar en alto riesgo.

Las posibilidades de un racionamiento

La pregunta que se hace el país es si se decretará un racionamiento de energía. La respuesta, por ahora, que no tranquiliza a nadie, es que depende de cuánto llueva y de cuánto se ahorre.

Tras el apagón de 1992, Colombia reformó estructuralmente el sector eléctrico. Cinco años después se inauguró El Guavio mientras se construían las centrales de Urrá, Porce II y Miel II; la Ley 143 de 1994 abrió paso a la competencia privada; y la red de gas natural se extendía al interior del país. La generación térmica, que en 1992 era casi inexistente, hoy actúa como red de seguridad del sistema y permitió que el episodio de 2023-2024 no terminara en cortes masivos.

Hoy el panorama es diferente. El Sistema Interconectado Nacional registra un déficit del 2% en la oferta de energía firme para 2026, que podría llegar a 3,5% en 2027 como consecuencia del retraso en proyectos clave de generación y transmisión. El país necesitaría incorporar hasta 2.500 megavatios adicionales para equilibrar el sistema.

El país requiere una reforma estructural que fortalezca su capacidad para enfrentar, no solo El Niño actual, sino futuros eventos climáticos, cuya intensidad podría aumentar como consecuencia del calentamiento global.

Hay que cambiar las rutinas

La cercanía con El Niño extremo debe reevaluar la manera como se consume energía en Colombia. En 2026, la forma en que se consume energía es distinta a la de 1992. Ahora hay computadores, routers, televisores inteligentes, aires acondicionados, Inteligencia Artificial, teléfonos que cargan sin parar y, en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali, una flota de vehículos eléctricos que se enchufan a cualquier hora del día, especialmente en la noche.

La demanda de energía eléctrica no para, las fuentes, sí. En ese contexto, un eventual racionamiento no afectaría solo el encendido de un bombillo; podría tener efectos en quienes laboran bajo la modalidad de teletrabajo, interrumpir clases virtuales, apagar los servidores de pequeñas empresas y dejar sin carga los buses eléctricos que circulan en algunas ciudades.

Los gremios y las empresas del sector energético han propuesto medidas para ahorrar agua, energía y gas, y penalizar a quienes consumen más de lo habitual. El consumidor residencial debe entender que la energía que usa en la noche es la más costosa para el sistema. Apagar lo que no se necesita entre las 6 y las 10 de la noche no es solo un gesto simbólico sino la acción más efectiva que puede tomar un hogar.

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