Regresar a las EPM que todos queremos

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Un llamado a recuperar el rigor técnico y financiero perdido por EPM en los últimos años.

EPM, de sus utilidades, aporta anualmente en transferencias a su dueño, el Municipio de Medellin, el equivalente al 25% del presupuesto de la ciudad. El Acuerdo 069 de 1997 del Concejo dice que “esos recursos deben ser destinados, en su totalidad, a inversión social”, en una urbe como la nuestra con más de un tercio de la población con necesidades básicas insatisfechas y 520 mil personas por debajo de la línea de pobreza.

 

Hablar de politiquería o de privatización de EPM causa supuesto escozor en nuestra dirigencia, incluidas las recientes y actuales administraciones de Medellín y de EPM, los propios empresarios, algunos concejales y otros políticos de turno. Todos, al unísono, dicen cuando les conviene que nunca lo permitirían. Pero basta mirar lo que pasa con UNE EPM Telecomunicaciones S.A. y sus capítulos Millicom-Huawei, observar la injerencia del Grupo Empresarial Antioqueño (GEA) en EPM, repasar algunas de las inversiones externas y analizar el contexto de decisiones administrativas que se tejen desde hace 20 años, para pensar que todo puede estar orientado a un objetivo mayor. Incluso existe la preocupación de que todo esto sea para preparar a EPM hacia una privatización.

 

La desintegración gradual y la pérdida de valor de UNE, que se traducen en pérdidas para EPM y para el Municipio de Medellín, aunadas a otras acciones y decisiones al interior de EPM, son motivos suficientes para encender las alarmas, no solo entre los trabajadores, sino en todos los ciudadanos, en las organizaciones sociales y en la institucionalidad, para cerrar filas frente a la defensa del patrimonio público representado en EPM y sus filiales, y en UNE y sus filiales.

 

En lo que respecta al control político, la discusión debe enfocarse, por ejemplo, en la inmersión de la politiquería en las entrañas de EPM, especialmente en la anterior administración, que comandó el banquero Juan Esteban Calle Restrepo. Eso queda al descubierto con las prácticas indebidas de manejo de su recurso humano en dicho período, la pérdida de foco, la incoherencia, el pésimo clima laboral, la MEGA y la consecuente meta creada de “estar entre las primeras 50 multilatinas”. Y para eso no importó sacrificar el rigor técnico y financiero, construido en más de 60 años de historia.

 

 

Los reclamos hechos a EPM en distintos escenarios sobre su presente y su futuro, el abandono a Empresas Varias de Medellín y la situación de UNE y filiales como Edatel y Emtelco, son resultado de las preocupaciones de la comunidad sobre el uso de los recursos que les pertenecen y sobre los rumores, cada vez mayores, de privatización. Evidencias parecen haber muchas: exfuncionarios de EPM trabajando en el GEA, funcionarios del GEA en EPM, ejecutivos salientes de EPM vinculados por el GEA, el aporte del GEA a las campañas de los alcaldes de Medellín, y que en la Junta Directiva de EPM van aumentando los miembros carnetizados por el GEA.

 

El gerente Jorge Londoño De la Cuesta reconoció hace unos días que “EPM no es un mar de rosas” y que todos los días tiene que llegar a resolver problemas. Durante gran parte de sus 61 años, EPM se ha dedicado a resolver otros problemas: el acceso, la cobertura y la calidad de los servicios que presta a los habitantes de Medellín, del Valle de Aburrá y de otras regiones de Antioquia y de Colombia. Esas palabras prueban que la actual administración se ha dedicado a resolver problemas creados por decisiones irresponsables del alcalde anterior, Aníbal Gaviria, y de los recientes equipos directivos de EPM, en el cual también lo incluimos. Dudamos que el gerente pueda resolver esos problemas mientras algunos de esos directivos sigan enquistados en la empresa o sean sus asesores, o que él mismo esté respondiendo a otros intereses.

 

También habrá que estar atentos a cualquier decisión de EPM frente a Electricaribe, en caso de que se modifique la regulación del sector eléctrico que restringe la participación de los agentes hasta el 25%, teniendo en cuenta, como alertó el profesor Guillermo Maya Muñoz (“EPM le apuesta al riesgo Electricaribe”, El Mundo, 28/11/2016), sobre todos los riesgos que ello podría implicar para EPM.

 

La comunidad, los usuarios, los trabajadores y ex funcionarios de EPM, los sindicatos y los organismos de control fiscal y político debemos ponernos en modo “alerta”. Hay que fortalecer a EPM, no debilitarla, y una manera es fortaleciendo su autonomía de los entes administrativos locales; así fue creada y así debe conservarse.

 

 

Nuestro propósito como Sindicato de Profesionales, defensores naturales del interés común, no es otro que buscar que se recupere el rigor perdido, producto de malas administraciones, la arrogancia o los intereses de quienes deciden, y no de la capacidad probada de la empresa y de su talento humano.

 

Queremos volver a tener la empresa que trabajaba con total coherencia y con responsabilidad social.  Es necesario que EPM piense en soluciones para los desconectados en la ciudad, en zonas no interconectadas o para quienes no tienen cobertura de servicios básicos en Antioquia. Esa debe seguir siendo su carta de presentación. Es necesario recuperar para Medellin a UNE y sus filiales. Es necesario tener control político y administrativo de la empresa. Es urgente recuperar el rigor técnico y financiero cuya pérdida se ha hecho más evidente con las respuestas de la actual administración. Es prioritario sacar de EPM la politiquería y a los interesados en su privatización.

 

Thomas Jefferson escribió hace más de 200 años: “Si el pueblo permite un día que los bancos privados controlen su moneda, los bancos y todas las instituciones que florecerán en torno a ellos, privarán a la gente de toda posesión, primero por medio de la inflación, enseguida por la recesión, hasta el día en que sus hijos se despertarán sin casa y sin techo, sobre la tierra que sus padres conquistaron”. EPM no puede caer en manos, ni de banqueros ni de privatizadores, como es el interés de unos cuantos.