60 años de una joya que no puede ser destruida

Si de algo no existen dudas, es que los cimientos de Empresas Públicas de Medellín son el resultado de 60 años de juiciosa construcción de miles de trabajadores, que con rigor técnico, sentido de pertenencia, compromiso y conciencia de quiénes son sus verdaderos dueños, la han hecho socialmente grande.

FELICITAMOS a cada uno de quienes durante estos 60 años han dejado su huella en la empresa. Y es por esos trabajadores y por los usuarios (no clientes como hoy se empeña en llamar la actual administración), que debemos hacer una reflexión sobre el presente y futuro de EPM, porque 60 años de construcción de todos, no pueden ser destruidos por la ambición y mezquindad de pocos.

Si no hay dudas de quienes edificaron la empresa, tampoco de que se ha perdido el rumbo, por una visión de crecimiento desmedido, incluso en el extranjero, abandonando el objeto social de la empresa.

Se ha perdido el rumbo al abandonar a los usuarios en cobertura, calidad y tarifas; porque, vía decretos del Alcalde, hay formas innovadoras de redistribuir dividendos en acciones de verdadero impacto social y no en obras poco prioritarias, como Parques del Río, cuyo mantenimiento pondrá en jaque los recursos futuros de la empresa, de la ciudad y de la región.

Se ha perdido el rumbo al entregar el patrimonio público representado en UNE, cuando se demostró que no requería de “socios” para fortalecerse, sino de una verdadera administración, responsable y sin intereses particulares.

Se ha perdido el rumbo al pensar solo en Ebitda y en querer posicionar y convertir al Grupo EPM en una de las empresas más rentables de Latinoamérica, puesto que no es el lucro sino el bienestar general y el mejoramiento de la calidad de vida de la población, a través de la eficiente prestación de los servicios públicos, lo que debe motivar sus acciones, algo así como un Ebitda social.

Se ha perdido al rumbo al ser cómplice, con esas “inversiones” en el extranjero, del agotamiento y destrucción de recursos naturales, como el caso del agua.

Se ha perdido el rumbo al propiciarse el deterioro del clima laboral, no solo en EPM, sino en UNE y sus respectivas filiales, con decisiones que van más allá de la arbitrariedad. ¿Responderán los actuales administradores, con sus patrimonios personales, por las consecuencias de las enfermedades laborales que se vienen incubando en cientos de trabajadores y por las cuantiosas indemnizaciones por despidos injustificados?

En síntesis, se ha perdido el rumbo al olvidarse de por qué y para qué nació la empresa hace 60 años. Hoy no parece ser una joya bien cuidada, por eso esperamos que una nueva administración retome el rumbo perdido.

Desde SINPRO expresamos a todos los trabajadores de EPM y a los que en su momento hicieron parte de la empresa, nuestro agradecimiento y reiteramos las FELICITACIONES por la labor hasta ahora cumplida.